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Puebla, Mexico
Reunimos historias escritas de la memoria de las almas que han pisado tierras poblanas. Si quieres compartir algún recuerdo por la ciudad de Puebla te invitamos a hacerlo al correo memoriadepuebla@gmail.com Dulce Jurado y María Eugenia Jiménez Melo autoras del proyecto
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domingo, 18 de febrero de 2018

¿Será cierto?

Se dice que el trazado de las calles de Puebla presenta un desfase intencional de 24 grados con respecto al norte geográfico. Este hecho se piensa que tenía el propósito de proteger las calles de la radiación solar además de los vientos fríos que vienen desde el volcán así llamado La Malinche haciendo que se bifurcaran y perdieran su fuerza. Hay cierta historia al respecto que ha prevalecido de manera oral en la familia de un gran amigo mío desde hace muchas generaciones. Su abuelo (Q.E.D.) le contaba, como así lo fue en varias ocasiones, que la orientación mandatoria del trazado de las calles es la que tendría la catedral. Así pues, fue el diseño con el oculto propósito de que al entrar por la puerta principal de dicho edificio, se caminara de frente justo hacia el punto donde saldría el sol en un 8 de marzo. Es bien sabido que cada día del año en sol aparece por un punto ligeramente distinto. Después del solsticio de verano, el nacimiento del sol se va desplazando hacia el sur hasta alcanzar su punto más austral el 22 de diciembre, fecha que corresponde al solsticio de invierno y a partir de entonces retoma su camino hacia al norte. El 8 de marzo es el día justo en que el sol aparece por la mañana a 24 grados hacia al sur respecto al oriente geográfico. Le contaba que ese día era el cumpleaños de quien fuera la progenitora del célebre Dn. Juan de Palafox y Mendoza. Por lo tanto, él planeo ocultamente que el trazado del desplante de la catedral poblana fuera orientado así para que ese día específico al entrar por su puerta principal al amanecer, se viera directamente hacia el punto donde nace el sol, justo detrás de El Altísimo. ¿Será cierto?

Saludos desde Alemania.

Fernando Rodríguez Ochoa

sábado, 6 de noviembre de 2010

MERCADO: LA VICTORIA


Los colores más hermosos de mi infancia tienen  olor, un olor a mercado, a mercado La Victoria. 
Los primeros colores comenzaban en el gran recorrido de la casa de mi abuela al hermoso centro de la ciudad; el color opaco y mate que miraba en el camión olía a metal.
Llegando al mercado los colores  diferentes  de piel olían a gente. El blanco luminoso olía a queso, queso fresco Oaxaca, crema de vaca y requesón, el rojo intenso a granada y sandía.  El color verde olía a epazote, a perejil, a cilantro con toques  salpicados  de yerbabuena.
En el kiosco principal los colores más frescos y tiernos olían a flor rosas, claveles, lirios, y alcatraces combinados con el gran puesto de sombreros hechos de palma y piel. La zona multicolor eran los puestos de frutas y verduras: calabazas y melones, jícamas y jitomates, chayotes y ejotes; olores mezclados con fina hechura  impregnaban  el mercado.
En todas sus variantes los  grises se manifestaban en los mariscos, oliendo a mar, olas y espuma salada. La pollería olía al tierno color amarillo y el beige venía del olor a tortilla recién hecha.
Los mejores colores y olores de mi infancia vienen del mercado La victoria.

Rebeca Cañedo Ramos

viernes, 5 de noviembre de 2010

SERGIO

Habían pasado cuatro años desde la última vez que yo había visto a Sergio... (un amigo de mi hermano, que se fue a vivir a los Ángeles). Por causas del destino, volvimos a estar en contacto... llamadas, cartas... entonces surgió la oportunidad de volver a vernos... yo quería que el re-encuentro fuera especial... así que lo cite en el centro, para ser exactos, en la fuente de San Miguel... esa a la que siempre me gusto ir a echarle pesos, para pedir un deseo. Me moría de nervios... en cuatro años yo había cambiado (no es lo mismo una chamaquita de 15, que una "mujer" de 19)... en fin... llegué a la hora marcada... recuerdo que daba mil vueltas alrededor de la fuente, hablando sola... riéndome... con manos sudadas... ufff... lo vi... con el corazón a punto de estallar... me acerqué... -Sergio???... y él me contestó con otra pregunta -Mónica??? (no, ni yo era Mónica ni el Sergio) JAJAJAJAJA.... Después de todo no era la única en espera nerviosa... lo que me hizo pensar, en todas las historias allí guardadas... cuántas cosas podrían contarnos los árboles del zócalo... cuánto de encuentros y desencuentros.... la mía... fue solo una historia más... en las mil historias de mi ciudad.
P.D. Y sí, resulta que Sergio me observaba desde una de las bancas que están laterales a la fuente... sonreía observándome en silencio... todavía... a veces... al pararme cerca de la fuente, no puedo evitar dejar escapar un suspiro y una sonrisa... nerviosa.


Arena Lgb

miércoles, 3 de noviembre de 2010

MUJER CON MAPA EN EL CENTRO (MICRO HISTORIA)



Recuerdo una ciudad amurallada de publicidad, con una M mayúscula color amarillo, junto al palacio municipal. Servilletas hechas bola en el piso de un pasaje en donde arreglaban relojes, calles rodeadas de tacones rojos mordidos como una manzana. Recuerdo a una mujer que podría ser Eva, totalmente perdida, con un mapa de la ciudad en su mano y unos jeans entallados, evitando a toda costa ser mojada por las fuentes, justo a un costado de la Catedral. Recuerdo a esa mujer en la mira telescópica urbana. Los alguien y los cualquiera copulando en la hermandad del transeúnte, observándola, deseando en el fondo verla empapada. Recuerdo el café Zaranda, su bocanada de cafetal, carteles pegados con engrudo en los muros periféricos. Marchas ¿de qué? Una ciudad de choques, fluxus de juno, agua que no resucita a ningún Tláloc sino a un dios semidesnudo que baila con su teléfono celular en la mano. Una ciudad de muros coloniales, estacionamientos con olor a orín. Locales con piratería, puestos de periódico. Recuerdo payasos actuando, debajo de espectaculares en donde los verbos siempre son en infinitivo, servir, gastar, invertir, verbos arriba de nuestras conciencias. Un nudo de historias e histerias, en dónde cualquiera fluye. Una escritura post-apocalíptica dando vueltas en el centro, ombligo de piedra con olor a molote y a fritanga. Una escritura de fermento mental que no menta nada. Recuerdo a una mujer parada con un mapa, dejándose mojar por las fuentes de la Catedral, paralizando la jornada, jugando a la bañista absurda y hermosa.

Eduardo Sabugal

PARA MÍ EL CENTRO DE PUEBLA ES...

Para mí el centro de Puebla es la infancia. Los recuerdos de la mano de mis padres y de mi abuela. El miedo a caer en esas atarjeas gigantes que yo pisaba despacito sin perder de vista. "¿Qué habrá allá abajo?" Me pregunté mil veces.
El centro fueron en ese tiempo de niña, los portales y el Sanborns los domingos...El Hotel Gilfer donde llegaban de visita los tíos. Las chalupas deliciosas de San Francisco y el clásico Hotel Colonial y su mole poblano. El centro fueron las risas de mis 5 años en los juegos mecánicos del Paseo Bravo y el correteo a las palomas de Catedral. Para mi el centro eran los nevados de Don Hermilo y las tortas deliciosas que me comía con la abuela Tona. También era la calle 5 de mayo con sus tiendas de novias y los infaltables organillos. El centro histórico es todas esas iglesias grandes y pequeñas, imponentes y acogedoras.
El centro y sus paredes son esa evocadora presencia española con sus balcones sevillanos y sus columnas francesas y su talavera andaluza todo mezclado perfectamente con ese toque profundamente mexicano. El Centro es la tradición de pasar por el manto de la Virgen del Carmen cada año.
El centro, a mis 20 fue bohemia de cafés troveros y libros, letras y bares. Fue mi servicio social en el entonces Museo de Arte Virreinal. Fue y seguirá siendo, referencia imprescindible para apropiarse de novelas y cuentos literarios. El centro de Puebla es poder regresar en el tiempo. Es poder viajar a tu propio pasado y  salir intacta. Es ir, regresar y volver.

Puebla es muchos lugares, muchos rincones. Pero ninguno está más lleno de ángeles que su Centro Histórico.

Mónica López Stefanoni