Una vez conocí a una mujer muy bonita en los cafés que se encuentran a un costado de la Facultad de Psicología, ella estaba tomando café, me sonrío, me le acerqué, nos conocimos y nos casamos.
Gracias!
Guillermo Méndez
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- Memoria de Puebla
- Puebla, Mexico
- Reunimos historias escritas de la memoria de las almas que han pisado tierras poblanas. Si quieres compartir algún recuerdo por la ciudad de Puebla te invitamos a hacerlo al correo memoriadepuebla@gmail.com Dulce Jurado y María Eugenia Jiménez Melo autoras del proyecto
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jueves, 13 de enero de 2011
miércoles, 3 de noviembre de 2010
MUJER CON MAPA EN EL CENTRO (MICRO HISTORIA)
Recuerdo una ciudad amurallada de publicidad, con una M mayúscula color amarillo, junto al palacio municipal. Servilletas hechas bola en el piso de un pasaje en donde arreglaban relojes, calles rodeadas de tacones rojos mordidos como una manzana. Recuerdo a una mujer que podría ser Eva, totalmente perdida, con un mapa de la ciudad en su mano y unos jeans entallados, evitando a toda costa ser mojada por las fuentes, justo a un costado de la Catedral. Recuerdo a esa mujer en la mira telescópica urbana. Los alguien y los cualquiera copulando en la hermandad del transeúnte, observándola, deseando en el fondo verla empapada. Recuerdo el café Zaranda, su bocanada de cafetal, carteles pegados con engrudo en los muros periféricos. Marchas ¿de qué? Una ciudad de choques, fluxus de juno, agua que no resucita a ningún Tláloc sino a un dios semidesnudo que baila con su teléfono celular en la mano. Una ciudad de muros coloniales, estacionamientos con olor a orín. Locales con piratería, puestos de periódico. Recuerdo payasos actuando, debajo de espectaculares en donde los verbos siempre son en infinitivo, servir, gastar, invertir, verbos arriba de nuestras conciencias. Un nudo de historias e histerias, en dónde cualquiera fluye. Una escritura post-apocalíptica dando vueltas en el centro, ombligo de piedra con olor a molote y a fritanga. Una escritura de fermento mental que no menta nada. Recuerdo a una mujer parada con un mapa, dejándose mojar por las fuentes de la Catedral, paralizando la jornada, jugando a la bañista absurda y hermosa.
Eduardo Sabugal
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