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Puebla, Mexico
Reunimos historias escritas de la memoria de las almas que han pisado tierras poblanas. Si quieres compartir algún recuerdo por la ciudad de Puebla te invitamos a hacerlo al correo memoriadepuebla@gmail.com Dulce Jurado y María Eugenia Jiménez Melo autoras del proyecto
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lunes, 28 de noviembre de 2011

La guardería

Yo he sido una mujer que ha trabajado mucho para sacar adelante a mis 5 hijos y no he tenido oportunidad de tener recuerdos bonitos, puro sufrimiento, puro trabajo. Al final de cuentas a los hijos les das, se casan, se van y se olvidan que existimos. Yo soy feliz porque ellos son muy honrados, trabajadores, no me dan problemas y porque tengo mi puestecito.
A nosotros nos dieron nuestros puestos el 8 de diciembre de 1962, al siguiente año en 1963 vino el Lic. Adolfo López Mateos quien inauguró el Mercado 5 de mayo  y su esposa Eva Sámano de López Mateos fue la que inauguró la guardería y en ese momento ella fue la que nos ayudó con material para poner un kínder, mesitas, sillas, pizarrones y todo lo necesario. Luego cuando entró el Sr. Pacheco Pulido nos lo quitó y se volvieron bodegas, un elefante blanco que lo ocupa gente que ni siquiera dieron un solo centavo para hacerlo. Las mamás de los niños pusimos un piano y de pronto un día se lo llevaron para la Acocota y nos quitaron el kínder porque se alegaba que nada más venían niños de la calle, pero pagaban. Esta ayuda nos la dieron para nuestros niños, entraban a las 8 de la mañana y salían hasta las 5 de la tarde. En la guardería nos los entregaban bañados y limpiecitos,  el kínder- guardería funcionó como 20 o 30 años, los niños estaban en el kínder y de ahí los pasaban a guardería hasta que nosotros íbamos por ellos al final de la jornada laboral, era una gran ayuda para las mamás que trabajaban, desgraciadamente nos quitaron la guardería.
Ahora hay muchas mamás jóvenes que no tienen esa oportunidad que nosotros tuvimos en esa época, en éste mercado 5 de mayo. Se podría arreglar el kínder, pero si las mesas directivas no se mueven, qué vamos hacer y sí  las mamás que tienen niños chiquitos no se ocupan, no reclaman o no dicen pues imagínense ésta pobre anciana qué va a reclamar.
Sra. Rafaela 

lunes, 17 de enero de 2011

UN SÁBADO EN LA MAÑANA ...

Un sábado en la mañana, mientras caminaba por la calle 5 de mayo frente a la iglesia de Santo Domingo, vi como una chica de entre 20 y 26 años de edad salía corriendo con vestido de novia y con lágrimas en los ojos. Atrás de ella corrían dos mujeres con vestido de gala y cuando se acercaban a ella, una de ellas le gritaba por su nombre: 
-¡Karla! ¿A dónde vas? ¡Ven!  
Y ella contestaba: 
-¿Si no quería casarse para qué me ilusionó? ¿Para qué hicimos todo esto?
Viendo a una mujer así, siendo tan bella, me cuestioné: ¿Cómo puede haber personas que se atrevan a lastimar a ese grado a una mujer?
Era la mujer mas triste que yo haya visto en mi vida...

sábado, 27 de noviembre de 2010

PUEBLA

Recuerdo cuando después del desfile del 5 de mayo o el del 16 de septiembre había un "combate de flores", en el cual los muchachos ofrecían a las muchachas flores y terminaba una con un ramo en las manos.  
Los desfiles eran en la Reforma y terminábamos en el Paseo Bravo.  Nos cansábamos pero regresábamos a casa orgullosísimas de haber participado con tanta gente a festejar a la patria
Isabel Parra de Coghlan

sábado, 6 de noviembre de 2010

UN CHILLIDO

Este recuerdo se remonta a mis 6 años de edad, creo que es de los pocos recuerdos lejanos que guardo vívidamente. En mi familia se vivía una pobreza desencadenada por el mal gobierno de López Portillo, la crisis nos había alcanzado y mis padres estuvieron a punto de perderlo todo. 
Una tarde mi madre me llevó al centro, caminábamos por la calle 5 de mayo, entre sus múltiples vendedores ambulantes, entre sus puestos de garnachas, entre los músicos, inválidos y mendigos que se postraban en la calle peatonal para pedir una limosna. Mis ojos de niña siempre sorprendidos toparon entre tanta gente con un puesto de elotes y esquites, llené mis pulmones con ese olor que hasta la fecha me enamora, me hipnotiza y me fascina. 
Acababa de llover y hacía frío, yo por supuesto antojada con el olor de elote recién cocido le dije a mi mamá: -¿Me compras un elote? A lo que ella respondió: -Prometiste que no pedirías nada ¿No ves que no nos alcanza?
Insistí tanto que mi madre terminó complaciéndome. El "elotero" se tomó su tiempo, sacó de su gran perol varias mazorcas y mi madre escogió lo que a su tacto le parecía el elote más tierno, el más suavecito para los dientes "chimuelos" de su hija. Yo veía como lo iba preparando, primero con una embarrada de mayonesa, luego lo espolvoreaba con una técnica magistral con mucho queso y viéndome fijamente me preguntó:-¿Cón chile? A lo que respondí:-Poquito. Terminó de prepararlo, tomó una servilleta y me lo dió. Mi madre sacó las monedas para pagar y de momento se oyó un fuerte chillido, mi lloriqueo. Un señor que pasaba con mucha prisa entre tanta gente me empujó y mi elote cayó a un charco. 


Dulce Jurado